SELVA EN CONSTRUCCIÓN
texto isabel cristina alhippio, publicado en la revista (di)fusión, nº II, septiembre 2006
“¡Se comporta como un animal!”. Escuchamos esta frase cuando alguien muestra su lado salvaje y no ha sabido, o no ha querido,
contener sus emociones. Normalmente, esto es una forma de juzgar a alguien por actuar de forma incorrecta dentro de una sociedad
con reglas de comportamiento fundamentadas en la razón y el equilibrio emocional. A menudo, entonces, utilizamos la palabra “animal”
como sinónimo de “irracional”, lo que a su vez significa “actuar sin sentido”, es decir, sin razón.
Sin embargo, cada vez que canales de televisión como Animal Planet o Discovery Channel presentan documentales sobre la conducta
de los animales, esta idea de que se comportan sin sentido en comparación con los seres humanos es discutible; observamos escenas
en las cuales la forma de actuar de los animales está sujeta a “razones” más poderosas y sensatas que muchas de las actitudes que
tomamos los seres humanos frente a situaciones cotidianas. Vivimos creyéndonos una especie superior por nuestra supuesta capacidad
de pensar, razonar y ejercer control sobre todo. Pareciese que dentro de nuestra naturaleza el lado salvaje fuese algo inexistente; sin
embargo, sabemos que no es así y nos encontramos en un punto intermedio entre esa sociedad estructurada y el mundo animal que
abandonamos hace miles de años. No pertenecemos ni a uno ni a otro; sería mejor, tal vez, poder regresar al segundo donde la
naturaleza lleva el orden de las cosas y todo funciona como debe ser, ya que nosotros no sabemos manejar en muchas ocasiones
aquello que construimos.
Vivimos alejados del mundo natural, en medio de la mentira y la superficialidad, donde los medios de comunicación ordenan nuestro proceder, donde no somos libres y no dejamos que nadie a nuestro alrededor lo sea. Esta es la selva en donde habitamos pero no la que le interesa a Patricia Fesser, quien partiendo de su deseo de vivenciar la naturaleza, pretende con este trabajo construir una selva propia, y nos confronta con sus animales atravesándolos en nuestro camino, obligándonos a observar y detenernos a pensar en ese mundo al cual no pertenecemos, y que mezclado con el nuestro crea una “nueva naturaleza”. La unión de la pintura y las imágenes proyectadas permiten repensar la realidad, configuran la puerta de entrada al mundo inventado por Patricia Fesser, en donde se conjugan nuestras intervenciones sobre el territorio natural y la presencia de aquellos que han sido desplazados a lugares más lejanos.