El arte es una forma de empatía

Entrevista de Walter C. Medina publicada en Nuevatribuna.es

Noviembre 2025

1- ¿Cómo nace la Patricia artista?

Las pinturas y los papeles son mi refugio en la infancia: perderme en los paisajes que pintaba,rellenar blocs y blocs de dibujo recorriendo con rotuladores pastos, montañas, flores, nubes, me proporcionaba una conexión que el mundo de las personas no me permitía. Mi padre me fomenta esa actividad: apreciaba, databa y guardaba los dibujos, él mismo era muy creativo y mi madre también. 

Mi primera vida hasta los 11 años se desarrolla en una familia muy acomodada, en casa hay regalos con cada festividad, no me faltan las cosas bonitas en abundancia, sin embargo el regalo que más me impresionó fue un taco de folios blancos, rosas, verdes, azules y amarillos. Un taco de unos 25 cm de alto que me acusó un impacto cuando lo vi con mis alrededor de 7 u 8 años, que recuerdo hasta hoy. 

2-¿Cuáles son las motivaciones que te impulsan a la creación?

En mi segunda vida, las heridas de la adolescencia me llevan a buscar refugio en la danza, el dibujo, la fotografía, las artes: en el centro cultural de mi barrio encuentro sanación y propósito. 

Cuando toca elegir carrera, las bellas artes compiten con la biología, la psicología o el arte dramático, y gana.

Da comienzo entonces mi tercera vida; entro en la Facultad de Bellas Artes en 1989 y lo primero que encuentro es un encierro que protesta por la gestión de la entonces decana Rosa Garcerán: compromiso, arte y lucha me dan la bienvenida a la vida universitaria. Son días increíbles de asambleas, mucho debate y mucha producción. Rodeada por fin de gente con sensibilidades afines, entro en un vórtice, una eclosión social y artística que me hace “llegar a casa”. Siguen años apasionantes de formación social y artística. 

3- Hay una suerte de compromiso con el mundo que te rodea que se manifiesta claramente en tus obras. ¿Es posible que tu inspiración surja precisamente de allí?

En mi cuarta vida, aterrizo con un intercambio Erasmus desde la facultad de Madrid, en  la Universidad de las Artes en Berlín. Allí tengo oportunidad de formar parte de grupos artísticos y participar en proyectos autogestionados de barrio que promueven la democratización del arte. Mucha experimentación y los primeros pasos con la seriedad y compromiso de lo profesional. Llega la primera beca y, con ella el reconocimiento, que me permite vivir haciendo arte todo un año. 

Cunado regreso tras cuatro años a Madrid, comienzo mi vida laboral en una empresa de informática como diseñadora web. La experiencia de trabajar en un colectivo de artistas en Berlín es irremplazable y no encuentro sentido a hacer arte de forma individual. En ese contexto me hablan del Laboratorio 3, el Labo 3 de Lavapiés en la calle Amparo, un ateneo cultural autogestionado. Era el año 2001 y comienzo a acudir a este centro social en el que había un taller de pintura. Retomo la actividad artística. El centro bulle de actividad cultural y política: asambleas, talleres, mucha lucha y mucho aprendizaje colectivo. Siento que yo también debo aportar y habilito la segunda planta del edificio en la que aún estaban los utensilios de la imprenta que albergó el edificio. Propongo en asamblea la creación de una galería y museo y así nace “La Catalítica, sala de ensayos plásticos”. Pasa por allí mucha gente, hay exposiciones colectivas y tengo la oportunidad también de hacer mis propios ensayos plásticos.

4- En tu trabajo fusionas el arte con la naturaleza, ¿Cómo nace en ti esta idea?

El trabajo que he realizado girando en torno al animal y luego a las plantas comenzó cuando retomé una dedicación profunda al arte tras regresar de mi primera estancia en Berlín y pasar unos años marcados por la ocupación laboral y el vacío artístico de no trabajar en colectivo.

Cuando tuve la oportunidad nuevamente de hacer girar mi vida en torno al arte, realicé una reflexión sobre la actividad artística; entendí que hacer arte me daba la oportunidad de estar inmersa en aquello a lo que decidiera dar forma artística.

El arte es una forma de empatía. Para poder generar una imagen con profundidad, has de aproximarte a un sentimiento acerca de esa forma que tratas de reproducir. La máxima oriental puede ayudar a entender esto: si quieres representar (o presentar) un río, has de ser río y para ello has de pasar mucho tiempo contemplativo en la observación de un río. Y contemplativo quiere decir, no mirar ese río, sino sentirlo con todas tus capacidades, conscientes e inconscientes, dejarte habitar por ese ser, ya sea persona, animal, planta, roca, o mesa. Esto, junto con el dominio de la técnica artística que elegimos para dar forma a nuestras reflexiones, es lo que nos da la posibilidad de realizar un trabajo con profundidad existencial, una profundidad que las personas que se acercan a ese trabajo puedan habitar.

Así que, como decía, cuando tuve la oportunidad de retomar la actividad artística, decidí que quería perderme entre animales, quería sentir su cálido pelaje, su textura, su forma silenciosa de comunicarse, de mirar, quería tener una experiencia que, como humana, apenas tengo posibilidad de vivir; deseaba deambular por esos cuerpos de la misma forma en que deambulaba entre colores que formaban paisajes en las hojas de un bloc en mi niñez. 

Aquel fue el tiempo de una de las mentiras políticas más escandalosas de mi edad adulta: nos dijeron que era necesario masacrar una población entera; nuestro dirigente quería poner los pies encima de una mesa en la Casa Blanca mientras fumaba un puro junto a los gobernantes de EE. UU. e Inglaterra. Aquella infamia fue articulada alrededor de uno de esos términos que funcionan como mecanismo capaz de dar un giro a la política mundial: las armas de destrucción masiva. 

Deambulando, como digo, por esos cuerpos animales, surge entonces la idea clara de que la verdadera arma de destrucción masiva es la desconexión de la (propia) naturaleza y comienzo a trabajar en ese sentido, produciendo instalaciones artísticas con el propósito de confrontar la mirada del animal con la de las personas que se acercaran al trabajo. Ese es el motivo por el que realizo cuadros de gran formato, necesito que al menos la proporción entre el animal presente en ellos y la persona que los mira sea de 1:1. 

A partir de ahí se desarrolla un cuerpo coherente de obra que posteriormente pasará de los animales a las plantas. Entendiendo que todo reino que conforma el planeta es 

equi-valente, es decir que vale lo mismo, y tiene sus propias formas de relacionarse con y en el mundo, comienzo a investigar sobre lo que la ciencia sabe a este respecto. Realizo un trabajo de investigación académica en mis estudios de doctorado que titulo “El animal que me mira desde el arte. Arte, ciencia, naturaleza – mente y mentiras”, en el que investigo qué ha dicho la biología, la filosofía o la antropología respecto al sistema de creencias que nos hace girar en torno a la idea de que el ser humano es el único entre todos los animales con capacidad de lenguaje, sentimientos, emociones, relaciones sociales o inteligencia. 

5- Cuéntame cómo es el proceso de creación

Como he dicho, me es muy importante ese encuentro entre lo que presento y la persona que se acerca a verlo, por eso elijo predominantemente el formato de la instalación, que permite crear un espacio para ser recorrido con el cuerpo, y las dimensiones del gran formato, que permiten un encuentro “entre iguales”. 

El hecho de servirme de la pintura y el dibujo tiene su origen en dos aspectos, uno pragmático y otro de valores: el aspecto pragmático es que es la forma más económica de producir arte de gran formato; podría haber realizado fotografías, sería otra conversación que podría ser interesante, pero sin presupuesto era inviable; esta elección también tiene que ver con los valores que he mencionado, pues creo en hacer presente en el ámbito del arte contemporáneo la tradición de la pintura y el dibujo, transmitir esa factura de lo artesanal, lo hecho a mano, que permite, además, sentir el tiempo que una persona emplea en darle forma artística a una idea. Es como cuando veo un concierto de música, me imagino a esas personas ensayando en la soledad de su cuarto interminables horas, corrigiendo, enfrentándose a limitaciones y superando todo ello para podernos ofrecer algo profundo, fruto de un proceso personal, y por ello bello.

En cuanto al proceso de creación, siempre me arrepiento de no apuntar una idea cuando llega … no sé cómo di la primera vez con la idea de representar un momento compartido entre humana y plantas, que ha sido el último bloque que he desarrollado: una sentada protesta en forma de performances/instalaciones en las que se me ve a mí sentada junto a plantas en macetas; en el suelo, tanto plantas como yo, estamos sentadas frente a un dibujo-retrato cada una, reflejando la idea de que estamos representadas de igual forma y al mismo nivel: una forma de afirmar el concepto de equi-valencia que mencionaba antes. 

En todo caso, a partir de la idea, trabajo mucho con el ordenador, que es una herramienta que me encanta y, a partir de fotografías, hago bocetos, muchos bocetos, montajes que me ayudan a dar forma a la idea hasta que tengo clara la composición de cada cuadro/dibujo y la de éste en relación a los demás en lo que luego será la instalación. Cuando la idea está lo suficientemente clara en ese lenguaje de ordenador que es el del diseño gráfico, comienzo a trabajar en los cuadros o dibujos que formarán la instalación. Los lenguajes propios de la pintura o dibujo entonces toman el mando y transfieren su esencia a la articulación final de la idea.

Es un proceso que disfruto muchísimo en el que la herramienta tecnológica adquiere la sencillez de un lápiz y las ideas entran y salen de ella, me gusta mucho esa dimensión artesanal en el ordenador, pues no busco perfección, sino inmediatez para poder visualizar las ideas. Casi todo lo que pinto o dibujo sale de fotografías: no me interesa mucho la “creatividad” de una creación sin referentes en la realidad; aunque pintar de fotografías le pueda restar valor para algunas miradas, yo no necesito saber cómo es ese caballo que “sale de mí”, o al que reinterpreto de forma simbólica a través del color y la forma para comunicar mis emociones o sentimientos. Aunque las piezas son manufacturadas, las considero una forma de ready-made, una especie de objeto-sujeto que será actor o actriz, pues, en su gran mayoría, están hechas para intervenir en composiciones mayores y funciones performáticas. En este sentido, el arte que hago pretende crear momentos de conexión de las personas humanas que lo miran con los seres representados, animales o plantas, es decir, es un arte con una intención que podemos llamar ecosocial.

6- Tienes un fuerte compromiso social, además de tu pasión por la creación, ¿Puedes contarme un poco acerca de esto?

Como conté antes, un papel en blanco y unos lápices y rotuladores de colores fueron el lugar de mi consuelo en mi primera infancia, pero también lo fueron los animales: perros y gatos callejeros que había entonces en Madrid y con los que podía pasar un buen rato de comunicación no verbal sin la pugna que se establece en los juegos entre niñes. 

La obra que he venido haciendo trata de presentar el animal como “el otro”, ese otro al que tememos, porque incluso en ámbitos sociales no conflictivos, siempre hay un cierto temor en el encuentro entre personas, y de alguna manera pensé que si logramos entender que el animal es un otro y sentirle desde la empatía como tal, como un igual, sería más fácil solucionar también el maltrato social y político en las sociedades. 

Tras ese trabajo vinieron algunos años en cierto modo iniciáticos en los que pasé épocas conociendo las llamadas ecoaldeas en España y Portugal, participando también en Madrid con la familia de las danzas mexicas, un grupo de danzantes que siguen las cosmovisiones indígenas. Conocí entonces el camino de la rueda medicinal, los cantos y las flores y aprendí a conocer la realidad con una perspectiva que hemos llamado animista, que dota de entidad a todo aquello que es y, por tanto, crea un profundo respeto hacia los seres no-humanos y objetos que conforman nuestra vida.

Luego vino la intensidad de la movilización social alertando sobre el previsible colapso climático y pensé que era lo mejor que podía hacer con mi arte, ponerlo a disposición de esa lucha concreta y comencé a hacer las performances de la serie “Una más. Proyecto de inclusión ecológica”.

Actualmente el genocidio me ha hecho virar mi trabajo desde el reino vegetal al humano. Hay que hablar del genocidio en Palestina, es lo único importante hoy. En este contexto he cambiado el foco en mi producción artística y he creado una pintura reinterpretando el Guernica de Picasso en clave de actualidad, titulada “Gaza sobre Gernika. Genocidios amontonados” que, si no nos la censuran, estará presente en la próxima exposición individual que tendrá lugar en diciembre en el Centro Comarcal de Humanidades de la Sierra Norte, en La Cabrera (Madrid).

7- ¿Trabajas actualmente en algún nuevo proyecto?

He mencionado el trabajo de investigación que realicé en el contexto de los estudios de doctorado, los cuales he retomado actualmente con la escritura de mi tesis, titulada por el momento “Tierra maltratada, sexta extinción masiva y máquinas”. 

Esta investigación gira en torno al momento actual en el que la especie humana, habiendo sido incapaz a pesar de sus medios técnicos y científicos, de entender la inteligencia de otras formas de vida no humanas, acepta ciegamente transferir esa cualidad, hasta ahora entendida como exclusivamente humana, a las máquinas. Creo que es un momento fascinante que nos implica a una enorme mayoría de población mundial de una forma extraordinaria en un cambio de paradigma. Somos más de 5.000 millones de personas conectadas a redes, encadenadas a un teléfono “inteligente” y trabajando afanosamente con horas y horas de actividad digital para sacar adelante esa IA que ya nos supera ampliamente en capacidad de procesamiento de textos y nos obligará a enfrentar realidades que no habríamos imaginado como plausibles hace apenas unos años.

Probablemente el futuro siempre fue incierto, si bien las generaciones del s.XX posteriores a la segunda guerra mundial en el norte global pudimos crecer en una ilusión de paz y certidumbre; sin embargo vemos cómo están cambiando vertiginosamente las coordenadas geopolíticas, las condiciones ambientales necesarias para sostener la vida y también las condiciones individuales, con el incremento alarmante de casos de suicidio y enfermedad mental entre las generaciones más jóvenes. También asistimos atónitos al rotundo viraje del sentido común hacia formas atrozmente autoritarias de hacer política como las que se están dando en los laboratorios geopolíticos que son la Argentina de Milei, el Israel del genocida Netanyahu, el Salvador de Bukele o los EE. UU. de Trump. Son cambios profundos, voraces y vertiginosos; es tanto que necesito pensarlo en profundidad, creo que es la única forma de mantenerme firme.

Esta investigación ha producido una primera pieza artística que he mostrado en la exposición colectiva “XIII Encuentro de artistas plásticos de la Sierra Norte” en el Centro Comarcal de Humanidades de La Cabrera, en Madrid. La pieza se titula “Retrato-Robot” y es una reflexión que estoy haciendo en forma de entrevista-retrato en la que, mientras realizo un retrato, entrevisto a la persona acerca de su relación con la tecnología, las humanidades o las bacterias, mirando juntas esa frontera que pretendemos nos separa de otros reinos, incluido el de la tecnosfera. 

Veremos cómo evolucionan estas nuevas formas que están apareciendo en miSelva.